A pesar de que me encanta leer, no me considero un gran aficionado a la literatura clásica y aún menos a la poesía o a los libretos de teatro. Sin embargo, uno de los pocos libros -por no decir el único- que he leído dos veces es Cyrano de Bergerac de Edmond Rostand que tiene mucho de lo uno y de lo otro.
Hoy, por casualidad, he dado con el pasaje que más me hizo reír en su momento y que, tantos años después lo ha vuelto a hacer.
Y es que, tal y como hace Cyrano, no hay nada como reírse de uno mismo para desarmar al que quiere ofendernos...
«EL VIZCONDE DE VALVERT (encogiéndose de hombros) ¡Es sólo un fanfarrón!
DE GUICHE: ¿Nadie va a responderle?
EL VIZCONDE: ¿Cómo que nadie? ¡Aguardad! He de soltarle una pulla que… (Avanza hacia Cyrano, que le observa, y plantándose delante de él con aire fatuo) Tenéis una nariz… una nariz… grandísima.
CYRANO (en tono grave): ¡Mucho!
EL VIZCONDE (riendo): ¡Ja!
CYRANO (imperturbable): ¿Y qué más?
EL VIZCONDE: Pero…
CYRANO: Seguid, ya escucho (Pausa)
Eso es muy corto, joven; yo os abono
que podíais variar bastante el tono.Por ejemplo: Agresivo: «Si en mi cara
tuviese tal nariz, me la amputara.»
Amistoso: «¿Se baña en vuestro vaso
al beber, o un embudo usáis al caso?»
Descriptivo: «¿Es un cabo? ¿Una escollera?
Mas ¿qué digo? ¡Si es una cordillera!»
Curioso: «¿De qué os sirve ese accesorio?
¿De alacena, de caja o de escritorio?»
Burlón: «¿Tanto a los pájaros amáis,
que en el rostro una alcándara les dais?»
Brutal: «¿Podéis fumar sin que el vecino
—¡Fuego en la chimenea!— grite?» Fino:
«Para colgar las capas y sombreros
esa percha muy útil ha de seros.»
Solícito: «Compradle una sombrilla:
el sol ardiente su color mancilla.»
Previsor: «Tal nariz es un exceso:
buscad a la cabeza contrapeso.»
Dramático: «Evitad riñas y enojos:
si os llegara a sangrar, diera un Mar Rojo.»
Enfático: «¡Oh nariz!… ¡Qué vendaval
te podría resfriar? Sólo el mistral.»
Pedantesco: «Aristófanes no cita
más que a un ser sólo que con vos compita
en ostentar nariz de tanto vuelo:
El Hipocampelephantocamelo.»
Respetuoso: «Señor, bésoos la mano:
digna es vuestra nariz de un soberano.»
Ingenuo: «¿De qué hazaña o qué portento
en memoria, se alzó este monumento?»
Lisonjero: «Nariz como la vuestra
es para un perfumista linda muestra.»
Lírico: «¿Es una concha? ¿Sois tritón?»
Rústico: «¿Eso es nariz o es un melón?»
Militar: «Si a un castillo se acomete,
aprontad la nariz: ¡terrible ariete!»
Práctico: «¿La ponéis en lotería?
¡El premio gordo esa nariz sería!»
Y finalmente, a Píramo imitando:
«¡Malhadada nariz, que, perturbando
del rostro de tu dueño la armonía,
te sonroja tu propia villanía!»
Algo por el estilo me dijerais
si más letras e ingenio vos tuvierais;
mas veo que de ingenio, por la traza,
tenéis el que tendrá una calabaza
y ocho letras tan sólo, a lo que infiero:
las que forman el nombre:
Majadero. Sobre que, si a la faz de este concurso
me hubieseis dirigido tal discurso
e, ingenioso, estas flores dedicado,
ni una tan sólo hubierais terminado,
pues con más gracia yo me las repito
y que otro me las diga no permito.””
me encantoo esa parte, me lo hicieron leer en la escuela rlen una version mas actual y me fasino
ResponderEliminarGracias por el comentario... yo no recuerdo quien me lo recomendó leer o si alguien que me regaló el libro. De hecho, creo que lo único que recordaba era ese pasaje y, que en la película, Cyrano era el papel de Gerard Depardieu :)
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